Acabo de leer el artículo de Roger Ebert sobre 'El Año Pasado en Marienbad' mientras bebía un batido de cacao vespertino. Este señor es un renombrado crítico de cine, quizá untado a veces al hablar de blockbusters, o quizá simplemente sepa que tiene que valorar el cine en diferentes niveles (esto le vendría bien para seguir ganándose la vida como crítico, digo yo...).
Lo primero que he hecho al acabar ha sido ir a tumbarme al sofá, y me he encontrado temblando. Quizá era un poco de fiebre, o que el batido estaba muy frío. Pero las no-respuestas que da dejan aún más abiertas las heridas que causa esta película en mi alma. Sostengo en mi mano el peluche del tigre más mono del mundo, mi sobrino lo ha bautizado con un nombre maldito y por eso lo odio (al peluche, no a ese infante del demonio), simboliza mi propio M.
Ver esta película es una experiencia única, pero para la que hay que prepararse, todas las interpretaciones posibles de esta alegoría son correctas, pero para conseguir tener una interpretación de ella propia, uno debe mentalizarse de alguna forma que no soy capaz de explicar. Quizá por eso no puedo recomendarla -aunque lo hago- a nadie. Simplemente habrá un momento en la vida de cada uno en que esta película llamará insistentemente y querrá ser vista. Algo así como lo que dice el señor Emilio Cappa Segis sobre Stalker.
Y de qué vamos a hablar ahora? De mi interpretación? No. No tendría ningún sentido para nadie, cada uno debería buscar su propio enfoque.
Hoy he creído tener un level up en cuanto a mi conciencia, una idea que cruzó mi mente hace poco más de una semana durante un concierto de reggae, una idea que ha acabado de materializarse mientras miraba 'A propósito de Schmidt' película que sí recomiendo a cualquier aleatorio lector. Y esta idea tiene que ver con girar totalmente mis ideas, ideas que llevan años gestándose y que hacían de este mundo un sitio triste y melancólico, pero con sitio para la diversión en base al cinismo, la frivolidad y mi narcisismo. Pero quizá empiece poco a poco una revolución interna en mí, cambiar mi preocupación sobre mi yo, el que está dividido en el yo que quiere y el yo que es... dos existencias paralelas que se niegan una a la otra; cambiar hacia una mentalidad más global, al ver que cada uno es igual de complejo, quizá sea posible hacer el bien y no pensar que el mundo es idiota, que está lleno de sufrimiento por la insalvable corruptibilidad del hombre, que siempre sucumbirá a sus instintos, a su egocentrismo y siempre causará el mal a los demás. Y pensar que ser diferente puede pasar por ser menos individualista también. Llegar a cumplir con mí mismo puede ser algo costoso y seguro me tomará tiempo, pero espero conseguirlo.
Es curioso que al sentir que he tenido esta revelación (que no he explicado bien porque es demasiado difícil estructurar el orden de mi mente como para expresarlo) empiece a pensar que debo actuar como hacía antaño, cuando era yo más tolerante y mejor persona (o así tiendo a considerarme en esas épocas)... me resulta algo singular que las dos posturas opuestas que he tomado vayan repitiéndose mientras escalo niveles. Quizá vuelva a sufrir del mal de Narciso cuando se me aparezca una verdad más grande y mis desengaños frente al mundo destruyan mi nuevo optimismo.
Qué complejo es todo... hablar de optimismo estando deprimido es extraño, pero nuestra mente tiene tiempo para todo si se la deja hablar lo suficiente.
Adiós, blog! algún día te continuaré con más aventuras.

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