Niña, si el sonido del rojo te espanta, recuerda, piensa, vuela cantando.
Los indios rodean el hotel japonés, hora de la batalla elíptica.
Traed lentillas de colores, aquel Joven Señorito de Bien no se ha
convertido en rajavenas aún.
Toda la ira del universo concentrada en un punto, no me extraña que
la explosión haya sido tan bestia, sólo yo derrito los márgenes y te
hago salivar a través de eones megalíticos en el World Trade Center y en
el viejo Stonehedge, un buen pub: Drogas blandas danzan entre falos
erectos que cantan como flores.

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