viernes, 9 de marzo de 2012

Vemos el hippy con los prismáticos de Burroughs

Sale el sol entre nubes de polvo púrpura febril asoma en los ojos llorosos del Voluntario. Por qué - se pregunta - había ido a ese sitio tan alejado del patxarán en la copa de su padre en ese sofá que compró cuando acababa de casarse con la bonita Mamá, en su pelo se olía la decepción entre rizos dorados.
El gruñido tangible a través del bigote poblado lejano ahora pero siempre vivo después de todas las catástrofes de Gea Iracunda con vuestros horrendos crímenes, os odio, cerdos. Pero la boca paterna articula y las letras tienen que aparecer aquí:
- Siempre te colocas con esos pelmazos. ¡Vagos! Y tú como ellos, como todos, parando la mano...
- No entiendes nada, ni de mí ni de lo que está pasando. Eres parte del Cáncer.
- Tú eres mi cáncer
- Intento curar lo que tú eres.
Realmente los tres últimos guiones proceden de una conversaciń que no se desarrolló en aquel rancho al costado del río sino en la cabeza del joven, en sus ojos de brillo volcánico vuela libre el Altruísmo mentiroso que ahora se esconde bajo calor virtual sólo para mi mano en su frente y delirios. En la cabeza paseando por el hachís de Argelia. Tose la frase lapidaria:
- Vine para hacer el bien - y sangra Santa Sangre. Fulminante.

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