Sale el sol entre nubes de polvo púrpura febril asoma en los ojos
llorosos del Voluntario. Por qué - se pregunta - había ido a ese sitio
tan alejado del patxarán en la copa de su padre en ese sofá que compró
cuando acababa de casarse con la bonita Mamá, en su pelo se olía la
decepción entre rizos dorados.
El gruñido tangible a través del
bigote poblado lejano ahora pero siempre vivo después de todas las
catástrofes de Gea Iracunda con vuestros horrendos crímenes, os odio,
cerdos. Pero la boca paterna articula y las letras tienen que aparecer
aquí:
- Siempre te colocas con esos pelmazos. ¡Vagos! Y tú como ellos, como todos, parando la mano...
- No entiendes nada, ni de mí ni de lo que está pasando. Eres parte del Cáncer.
- Tú eres mi cáncer
- Intento curar lo que tú eres.
Realmente
los tres últimos guiones proceden de una conversaciń que no se
desarrolló en aquel rancho al costado del río sino en la cabeza del
joven, en sus ojos de brillo volcánico vuela libre el Altruísmo
mentiroso que ahora se esconde bajo calor virtual sólo para mi mano en
su frente y delirios. En la cabeza paseando por el hachís de Argelia.
Tose la frase lapidaria:
- Vine para hacer el bien - y sangra Santa Sangre. Fulminante.

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