Pasos se adelantan a sí
mismos mientras suben una escalera entre mucha gente. Cómo son esos
pies? Sonará entonces música barroca. Pero cuando suba del todo las
escaleras, se callará al instante. Ascendemos lentamente para ver la
cara del dueño de aquellos pies. Sus ojos luego... Qué ve?
Ve el viaje en tren hacia la montaña, allí comentan algo que yo apunté en alguna hoja cuando era más joven.
En
diez minutos sus botas se quedaron sin suela, él no quería caminar. No.
Nunca más. Su madre con bata rosa y abrazada a un cowboy le dice:
"Deberías trabajar, eres un inútil, siempre tengo que destruir algo en
mí por tu bien. Y escupes en tu bien."
El tercer punto del
triángulo, que eran las botas, ahora es otro. Tiene sonrisa de femme
fatale - o eran caderas? - y le pide (te pide, encanto) que la llames
"felicidad". Aunque algo en las antiguas botas desaparecidas te hace
pensar que tiene otro nombre, no lo recordarás o lo inventarás hasta más
adelante del punto final, más allá de esta historia, cuando la
fatalidad sea perdición y tú huyas por un infierno de calles de Escher
pensando en que ya antes no tenías suelas.Lloras, y por tus pies,
también.

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