Una
línea oscura y curva marcaba la diferencia entre la carretera alumbrada
por la luz fantasmal de las farolas, olía a gris, el negro cielo tenía
una estrella, 4 aviones, media luna, y varias luces extrañas que me
hicieron pensar en ovnis, aunque creo que mas bien eran alucinaciones de
las drogas, sí es lo que tiene… Un día de ésos completos, para ser el
último del trimestre, de esos que valen la pena:
Último
día de colegio, me desperté con dolor de estómago, cabeza y como 38 de
fiebre, a pesar de contárselo a mi madre, tuve que ir.
-
Mientras no se muera no pasa nada, son cosas de las que se recuperará,
tiene que darnos una vejez tranquila, en nuestra propia casa, sin
sobresaltos. Ahora, no aguantaría que se muriera, ya dieciséis años de
mi vida, desperdiciados! No lo soportaría, ya tuve un disgusto con ésa
otra oveja descarriada, el ayudante de farmacia, sí, como se llamaba?
Bah que importa? La cuestión es que se suponía que iba a estudiar algo,
una carrera, y se tira a mecánico el imbécil, ahí no se gana dinero, y
menos si al final te vas a trabajar como un farmacéutico, es culpa de
las drogas ésas que se metía, lo dejaron mal, el pobre era de ésos que
se metía cemento, yo lo sabía, pero el otro idiota de su padre me dijo
que le diera espacio y no le dije nada, bueno, así ha quedado el idiota…
No es que estuviera mal el meterse cemento, yo lo hago de vez en
cuando, relaja, lo que me jodía era que se metían el mierda ése de $4,
imposible sacar un colocón del bueno, solo paranoias del momento,
visiones futurísticas de espectros sin forma definida, vistas del África
musulmana y del vudú, pero nada verdaderamente fuerte, me pregunto si
alguna vez se habrán despertado atados a un aspa de molino de viento,
como le pasó a su padre… Tan difícil de explicar cómo llegó allí… Nos
pusimos todo el día a debatir como lo había hecho, pero nos olvidamos de
descolgarlo, así que le subió demasiada sangre a la cabeza, y sus ojos
empezaron a sangrar, perdió la vista de uno de los dos, el otro por la
mitad y su amistad con las bibliotecas perdida
>- Una gran pérdida – recuerdo que dijo uno de los bibliotecarios
>- Era muy interesante, leía con tanta avidez – uno de los profesores de lengua
>La
cuestión es que ahora no toman de eso, ese barato les da hasta cáncer…
Volviendo al tema, no dejaré que ése se cargue 16 años de mi vida porque
él quiera…
Salgo de casa, cuatro pasos, saco encendedor y quemo un peta.
Llegué,
como siempre, un par de minutos tarde (digamos: 15) puse un pie en la
puerta para que el conserje no la cerrara, así entré y subí 8456 tramos
de escaleras hasta la planta 500.
Divertida
la forma en que el profe no te deja entrar si llegas tarde, por qué
divertida? Porque pasa la lista, y cuando acaba, se levanta y te hace
entrar.
El
peta que me había fumado era fuerte, lo notaba en el hecho que mi
mochila con 750 libros para las 749 asignaturas (748 de las cuales,
inútiles), no pesaba nada. “Siempre es primavera”, dijo uno de mis
ídolos. La cosa es que me quito el zapato y rompo el cristal de la
puerta en el momento en que el profe lee mi nombre de la lista, meto la
mano por el agujero del cristal, abro la puerta y digo: “Presente”
5
Minutos más tarde aún se oían las carcajadas de los de mi clase,
supongo que no pudo hacer clase aquel día, el despacho del jefe de
estudios está del otro lado del edificio, y si desde ahí lo sentí por 5
minutos, no quiero imaginar lo que duró el sonido dentro de la clase.
-
Esto es increíble – el clásico discurso de jefe de estudios. El
subdirector en la puerta, brazos cruzados, mirada seria tras las gafas
del siglo XVIII, la directora, en paradero desconocido, hacía días que
la habían raptado unos alienígenas, uno de los hombrecitos verdes,
disfrazado de estudiante, había hecho correr el rumor de que le estaban
haciendo exploraciones vaginales con instrumental frío.
- Nunca habíamos tenido una queja suya, señor – mira la hoja – Pérez. Bueno, según tengo aquí, es usted un buen estudiante
-
No exactamente José, más bien, es un avispado – apuntó el subdirector,
que me tenía odio puro por el hecho de que le demostré que sabía más que
él de diseño gráfico, “cosas de la vida”, le dije, no me contestó, pero
saqué insuficiente en ése variable a pesar de tener todos los trabajos
(hasta el día en que le demostré que era mejor que él y que le solté la
frasecita) la mayor nota.
- A qué se refiere?
No
me enteré de más, me levanté y salí. En la puerta el deforme del
subdirector me agarró de la mochila. Ay que poco saben estos maestros de
hoy día! No se han enterado de que la mochila me importa lo mismo que
la mierda del perro del vecino, se quedó con ella en la mano, sintiendo (probablemente por primera vez en su vida) el peso de los libros.
En
la otra puerta está la fea de lengua, montando guardia, una especie de
pederasta, me persigue a todos sitios le ponen los buenos estudiantes,
se pregunta como tengo ése “talento” natural para escribir, si bueno,
ella es una escritora frustrada porque su libro sobre un condenado a
muerte inocente no fue publicado, obviamente era tan malo como clavarse
una astilla en el culo, pero eso me lo quedé para mí. Bueno, el tema de
mi talento, sí, supongo que las drogas te dan más capacidad
extrasensorial de visualización…
-
A dónde va el escritor con más talento del colegio? – ése tono de madre
amantísima me enferma, así que di la vuelta, fui al patio y salté la
verja NOTA: es mucho más fácil cuando no se tiene mochila, comprobado.
Si
la bofia me buscaban o no es un misterio, nunca llegaré a enterarme,
simplemente vagaba entre las calles, liando y fumando, uno tras otro,
hasta que se me acabó. Bueno, tenía 10 euros más en la billetera, pero
tenía que darle algo a mi hermano por las pastis para la fiesta de ésa
noche, así que decidí volver a mi casa, allí tenía de sobra material.
Sorpresa cuando me encuentro con que mi prima la puta está allí, a veces
viene de visita, pero últimamente se pasa cuando no hay nadie y nos
espera en la puerta, por lo que mi madre, con su falso lado compasivo le
dio una llave. La veo por el pasillo y me doy media vuelta, otra vez a
vagar, sin rumbo, sin maría, sin nada. Gris, todo gris.
A
las dos voy a la puerta del colegio, allí me entero de la hora de la
fiesta y demás mierda, saludo, adiós gente, ya nos veremos. Bueno, llego
a mi casa, aprovechando que no está la antidescarriados, me sirvo una cerveza fría, refrescante, era un día nublado pero cálido, hay varios como ésos en primavera.
Me
vuelvo a ir luego de almorzar pan con ajo, aceite, jamón, queso, huevo
frito, milanesa, tomate, lechuga, limón, pimiento, cebolla, gusanos
podridos, hormigas rojas, abejas, miel, vidrio de botella cara, Johnny
Walker, Chivas, camino real, flores silvestres, pelo de gato y otros
entremeses de procedencia indefinida.
A
la tarde entro al colegio del mismo modo que salí, encuentro mi mochila
en conserjería, pero no había nadie preguntando por mí en ningún sitio.
“pasarás de curso” me dije a mi mismo “después de todo, eres un alumno
modelo”, entré a clase, me tocaba matemáticas, una clase productiva,
como todas, mi amigo, el profesor, deja sus papeles en la mesa, se
sienta en el sofá y espera a que reine el silencio para explicar, método
utilizado por los pinchetas para que los escuchen los polis que los
encuentran, la idea está en que el más mínimo ruido resuena por horas en
sus cabezas… El caso es que espera en vano, todos hablan, trafican,
dibujan, se lían porros, esnifan coca, se suicidan, ahorcan animales de
granja, cometen asesinatos premeditados, se masturban, montan orgías,
utilizan magia negra y gris para invocar la lluvia dentro de la clase,
prenden fuego alguna mesa, hacen aviones de papel, hacen graffitis y se
inyectan dihidroxiheroína.
Gracias
a la dosis de ayahuasca que me preparé no sentí nada cuando me
agarraron de los brazos y me arrastraron por el pasillo, luego me
llevaron escaleras abajo, aún me duelen las puntas de los pies de
rebotar en los escalones, pero en aquel momento, me sentía flotar,
divagar entre espíritus incoloros de olores ácidos y putrefactos de
felicidad inventada por un indio. Creo que me dijeron algo, de que
estaba en mal estado.
- Si bueno, de esto no se tiene que enterar nadie
Caí en un pozo de realidad, quemaba mucho.
Está mi mochila en mis pies, busco un bolsillo oculto.
- Puedo drogarles, aquí tengo bastante
- Esto es un soborno?
- Si
- Es lo que quería oír.
Salí
tranquilamente dejando una bolsa entera de anfetas detrás. No tenía
idea de en que aula me tocaba inglés, probablemente en la de idiomas, me
paro en la puerta y me doy cuenta de que están todos allí, escuchando a
un profesor invisible, lo que mas me sorprende es que le escuchan. Iba a
romper otro cristal, pero ya tenía un trozo clavado en una planta del
pie, y no quería tener otro, así que simplemente golpeé la puerta, uno
abrió.
- La has liado, tío
- Si… bueno, yo lo llamo tener estilo
De
costumbre, nuestro profesor se había tenido que ir urgentemente, un
familiar en urgencias, o un ataque de cuentitis aguda, creo que ya
habían muerto todos sus familiares, y los vivos le odiaban, no me
extraña, con lo feo y arisco que era… Quizá algún día el autobús que lo
lleva al hospital choque y se muera al atravesarle uno de los tubos
desoldados que se supone sirven para agarrarse a ellos.
Por
la mitad de la clase decidí meterme otra de ayahuasca, bueno, llegué a
mi casa o a alguna similar y me puse a meditar sobre el significado de
la vida, cuando me desperté de tal idiotez salí corriendo a la farmacia,
a buscar anfetas y luego para la fiesta, ya era tarde…

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